Crónicas de Ampiria: Tapa dura

Hoy os traigo una noticia que a mí personalmente, me ha entusiasmado. Las tres partes publicadas a día de hoy de la saga Crónicas de Ampiria está siendo editada en versión tapa dura, con un diseño propio de portada

Iré actualizando los canales de venta en la ficha de cada libro de la web, aunque os adelanto que estará en venta en Barnesandnoble y Amazon como principales motores.

Aquí os paso las portadas:

Peculiariedades cuando un libro da el salto a la pantalla

Del libro a la pantalla

Del libro a la pantallaTodos conocemos el ejemplo más actual que me sirve como presentación a esta entrada: Juego de tronos. A estas alturas, todos sabréis que esta fantástica serie producida por HBO está basada en los libros que el escritor George R.R. Martin lleva escrito (y aún sigue en ello), transformando las palabras escritas sobre el papel en imágenes palpables con nuestras retinas. El mismo caso se podría presentar en relación a Sherlock, Harry Potter, Los 100, El señor de los anillos, Heridas abiertas, Outlander, Por 13 razones y un largo etcétera.

Y ahora viene la pregunta fatídica que siempre suscita esta temática: ¿mejor la película/serie o el libro? La respuesta que yo me he encontrado va desde «mil veces mejor el libro» hasta «si no sacan la serie, paso de leerlo». Extremos aparte, lo que más me llama la atención son aquellos que, sin haber leído libro alguno opinan que el libro es mejor por aprobación social. ¿Cuál? Pues la que expone que si lees libros, eres una persona culta e inteligente. Sí, sé que es una relación absurda (al menos de forma directa), pero hay un gran grupo que piensa así y que adopta esa ley como su máxima cara a la gente. Te juran y perjuran que el libro les pareció fantástico y mucho mejor, que es una literatura fresca e innovadora en su estilo y que encandila con tan solo leer un párrafo. Evidentemente entienden del argumento, pues han visto la serie / película, e incluso aunque quieras pillarles en contradicción preguntándoles por determinados puntos que solo se narran en el libro y no en la versión visual, sabrán decirte «Ah sí, sí, no me acordaba de eso, sí…»

Yo soy un amante de las buenas series, sobre todo de aquellas que están basadas en buenos libros, y no tengo ningún reparo en decir en voz alta «No, no he leído ese libro». No soy mejor persona por ello ni más ignorante, sino una persona con menos tiempo libre del que quisiera 🙁 No obstante, toda esta perorata me sirve como moraleja para dar a entender que cada versión de un libro es eso, una adaptación, y nunca será tan enriquecedora como las letras. Sí es verdad que nos embriagamos con los efectos especiales y con las presencias de los actores que interpretan los distintos papeles, no enamoramos del metraje porque usamos los sentidos más fáciles de emplear, esto es, la vista y el oído. No hace falta que pensemos nada ni que imaginemos nada, todo se nos presenta en bandeja de plata para nuestro disfrute. Ahí ves al protagonista desenfundando su espada mientras arremete con una frase épica a su acérrimo enemigo, todo ello enmarcado en una atmósfera grotesca y de lluvia de cenizas… es un cuadro fácil de entender y de asimilar. Ahora vamos con el libro… sí, usamos los ojos para aglutinar toda la información, pero no es con ellos con lo que «vemos» (y mucho menos con los oídos) sino con algo mucho más valioso: la imaginación. Eso sí, esta hay que entrenarla, y la única forma de hacerlo es leyendo y leyendo. Es como un músculo que necesita que lo ejerciten para formarse.

Así pues, tenemos en un plantillo nuestros ojos y oídos y en el otro la imaginación. Quizás el primero sea de fácil absorción y carente de toda necesidad de esfuerzo por nuestra parte, mientras que el otro es todo lo contrario, aunque, nos olvidamos de un aspecto mucho más importante en el que la imaginación vence por goleada: es infinita. Al ver una serie, tú, yo y el todos vamos a ver lo que nos están mostrando tal cual, mientras que al leer un libro, cada uno matizará determinados aspectos según su criterio (imaginación) personal. Un ejemplo que todos entenderéis: Aragorn. Sí, Aragorn… ¿a qué todos habéis pensando de forma inconsciente en Vigo Mortenssen ataviado con su capa élfica? Yo me incluyo, ¿eh? 🙂 Y sin embargo, cuando antaño leí el libro, nunca hubiera imaginado al hábil montaraz con ese aspecto. Nunca.

Supongo que todo depende de la adaptación del lector a la versión en pantalla.

Grandes escritores encerrados en pequeñas obras (o viceversa)

Escritor VS obras

Escritor VS obrasFormulo una pregunta rápida, de esas que te dan 5 segundos para responder o pides: ¿Sabes quién es JK Rowling? ¿Y Tolkien? Síiii…. seguro que los conoces bien, pero… ¿y si ahora te pregunto por su obra? Adelante, dime diferentes títulos de cada uno de estos adalides literarios. Casi con total seguridad, de la autora no habrás salido de la saga infantil de Harry Potter, mientras que del escritor te habrás quedado en El señor de los anillos y tomos de ese mismo entorno.

Válgame este burdo ejemplo para presentar precisamente lo que titulo en esta entrada. Ambos son grandes escritores, con una fama mundial y unas ventas no solo grandes, sino de récord. Hablamos de millones y millones. Y sin embargo… sin embargo, solo han escrito un libro. ¡Qué me estás contando, Iván! Bueno sí, perdón, varios libros, pero una misma saga. Bueno, realmente han escrito más, pero o nadie los conoce o solo los han leído / comprado sus editores, porque hablarte de «La historia de Kullervo» (Tolkien, 1915) o «El gusano de seda» (Rowling, 2014) estoy seguro que es hablarte en esperanto. Atrás quedó ese grupo de magos que creaban historias cada una mejor a la anterior, resultando en una bibliografía literaria en la que no podías decidir qué novela era mejor. Julio Verne, Isabel Allende, KAtherine Neville, Dan Brown o cualquier otro autor que vosotros dispongais. Mirad bien hasta dónde llega su estantería, cuántos libros tienen apilados y cuántos son conocidos. Incluso el afamado Conan Doyle, la sombra de nuestro bien amado Sherlock Holmes, escribió muchos más libros independientes del detective, algunos que incluso ni conocías («El mundo perdido», en 1912, inspirando a Jurassic Park) y otros que ni imaginabas que existieran (aquí podéis ver tooooooda su obra).

La reflexión que dejo aquí es qué te gustaría ser a tí (como escritor) o a cuál te gustaría más aplaudir (como lector). ¿Un escritor conocido por una obra concreta o uno sin obra cúlmen pero con una catálogo mucho más extenso? ¿Prefieres tener un récord de ventas con la novela X, o no estar en la cúspide de esa ola, pero mantener tus escritos nivelados?

Igual digo una nonada, mas yo personalmente me adhiero al grupo de los novelistas consagrados, y no los encerrados en una sola saga. Estos últimos son buenos escritores, eso no lo dudo, mas no creo que merezcan el reconocimiento tan grande que tienen si lo comparamos con otros, la verdad.

¿Y vosotros? ¿Cómo lo veis?

Crónicas de Ampiria: El pacto de los dragones, ya la venta

Crónicas de Ampiria: El pacto de los dragones

¡Crónicas de Ampiria: El pacto de los dragonesSaludos a tod@s!

Luego de casi 2 años desde la publicación de la segunda parte de Crónicas de Ampiria, ya está disponible la tercera parte.

El pacto de los dragones da título a esta tercera entrega, un total de 560 páginas que retomarán lo último acontecido con el grupo de héroes en Ampiria para dar paso a nuevos retos.

Vistarán guaridas inhóspitas, ciudades solo mencionadas por bardos y trovadores, se enfrentarán a temibles enemigos y desfilarán nuevos adversarios con una filosofía muy particular de ver la vida. Así mismo, el oráculo oscsuro se presentará con mucha más fuerza, relatando parte de lo que él representa, sus intereses y lo más importante: su objetivo final.

¡Adelante… únete al grupo y adéntrate en la tercera parte de esta pentalogía!

(Ya la venta en los principales canales, aunque puede demorarse 1-2 días en aparecer en todas)

Para más información, podéis acceder a su ficha pinchando aquí.

 

Aquí podéis ver el booktrailer de esta nueva entrega:

 

El códice Voynich: top ten ventas en Misterio de Amazon

Me notifican hoy una noticia extraordinaria que no quería dejar pasar con vosotros.

El Códice Voynich está en la posición 9 de misterio en la tienda de Amazon. siempre lo he dicho y siempre lo diré: no hay mejor vitamina para un escritor que ver que su novela es leída.

Perdón por esta entrada de vanaglorio personal algo narcisista, mas de verdad me siento feliz.

Como adelanto, os apunto que el tercer volumen de Cróncias de Ampiria ya va por el 85% de su primera revisión (lo he actualizado en la página principal). Espero, deseo y creo no  equivocarme, si os digo que para este mes estará ya disponible.

Gracias a todos.

Los límites de la fantasía

Los límites de la fantasía

Los límites de la fantasía¿Hasta dónde se puede fomentar la fantasía en una novela? ¿Vale cualquier cosa? Seguramente todos estemos conformes en que sí, que es uno el que integra lo que es real en ese mundo de fantasía que va creando y narrando en cada hoja, sin embargo… ¿acaso no es cierto que nos basamos en la fantasía ya existente? Dragones, paladines sagrados, nigromantes, unicornios, sirenas, magos tipo Gandalf, enanos tipo Gimli, elfos tipo Légolas, orcos, hadas y un largo etcétera de elementos que en casi cualquier novela de fantasía podemos encontrar integrados y -quizás- con pequeñas variantes, un hecho que deja patente que dicha fantasía, dicho mundo, está adoptado de alguna forma por uno mayor. ¿O quizás no?

Si hablo de mi experiencia, tengo que admitir que adopto la figura del dragón tal y como está narrada en las mil novelas del género. Animales gloriosos e imponentes escupefuegos, a los que les cedo doto también de habla y con conocimientos para evocar retazos de magia. Ahí -en ese último punto- es donde dejo patente mi diferenciación, es donde hago mía esa fantasía adoptada. ¿Un ent? Sí, sí, ese árbol andante que habla, anda y actua muy despacio mientras está en consonancia con la naturaleza. Pues sí, yo también entiendo esa figura y la adopto como guardián de la naturaleza, aunque también le confiero una diferenciación única salida de mi fantasía, privándole de poder andar y cediéndole aptitudes de liderazgo en un gremio.

Si hablo de lo que voy leyendo en otros libros, la idea se repite de igual forma, topándome con más dragones y seres fantasiosos que también confluyen aquí. Y la historia se repite una y otra vez, con más libros y más películas que tintan con esa fantasía ya existente su guion. Eragon, los juegos del hambre, la dragonlance… sí, son historias magníficas en las que se usan figuras de fantasía ya pensadas antes. Y quiero dejar claro que no es que sea algo malo eso, ni mucho menos. De hecho, esta entrada es más por dejar patente una curiosidad.

En Crónicas de Ampiria no solo fantaseé con dragones, si no que realmente quise hacer mío ese mundo. Segadores pútridos, los enigmáticos Orígenes y el bizarro oráculo son algunas de las figuras que -con orgullo- quier oseñalar que han surgido de mi inventiva. Cualquier parecido con la realidad es puramente casual 🙂

¿Y qué quiero concluir con todo esto? Supongo que nada malao ni bueno, tal y como comenté antes. Es simplemente dar constancia de lo atados que estamos incluso en nuestra imaginación. Creemos estar inventando un mundo totalmente nuevo, algo que es totalmente nuestro, pero que desde el momento en el que ponemos un unicornio o un dragón en él, ya lo estamos compartiendo con quien ideó esas figuras míticas. Sí abogo por intentar diferenciar dichas figuras. Si Tolkien definió a los dragones como seres aislados que no se relacionaban con nadie, en Eragon se diferenció haciendo que sí existiera esos vínculos con algunos elegidos. En mi caso, igualmente existe un vínculo exclusivo a una raza de caballeros legendarios, todo supeditado a que sellen un pacto de sangre entre jinete y fiera.

Diferenciación, detalles que hagan que este dragón que leo aquí y este que leí allá sean distintos. Eso sí lo considero relevante. En la fantasía que vayamos escribiendo, no podemos evitar que nuestra mente nos conduzca hacia determinados elementos que ya vivimos en lecturas pasadas, por lo que, debemos entrenarla para saber recordar dichos pasajes cuando hablemos y a saber transformarlos cuando escribamos. Y creo que es un detalle importante, un punto que determina en muchos casos que una novela sobresalga o sea una más del montón.

¿Qué opináis el resto?

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